Especialista nos comenta sobre los alcances de la Ley I+D en nuestro país y sus principales desafíos para impulsar la innovación local y economía basada en conocimiento.

La Ley 20.241, que entrega incentivos tributarios a empresas que invierten en I+D (Investigación y Desarrollo), fue extendida en Chile hasta 2035. Su objetivo es fortalecer la innovación y el desarrollo tecnológico en el país, beneficiando a empresas (contribuyentes de primera categoría) que invierten en I + D, centros de investigación acreditados por Corfo y en ámbitos generales a potenciar la innovación en Chile, a través de los incentivos económicos para su desarrollo.

Sobre esta ley, Oscar Solar, gerente del Centro Avanzado de Ingeniería Eléctrica y Electrónica (AC3E) de la Universidad Técnica Federico Santa María e ingeniero Civil Bioquímico, entrega sus apreciaciones sobre esta norma, sus posibles mejoras y el futuro de I+D en nuestro país.

En términos generales, ¿Cómo evalúas el impacto o aporte de esta ley al ecosistema de innovación nacional?

La Ley I+D tiene una intención positiva, que contribuye con la anhelada creación de una economía basada en el conocimiento. Si bien la adhesión de empresas a esta ley ha sido creciente en el tiempo, su impacto sigue siendo relativamente bajo. En cifras muy gruesas, el PIB de Chile en 2024 fue cercano a 330.000 USD millones, y en su mejor año (2023) la ley I+D certificó 313 USD millones, lo que es equivalente al 0.1% del PIB. Es sabido que el gasto en I+D en Chile se ha mantenido plano los últimos 20 años en cifras cercanas al 0.4% del PIB, por lo que en la teoría la Ley I+D podría explicar aproximadamente hasta el 25% de este valor, lo cual es porcentualmente relevante. No obstante, tanto desde lo público como desde lo privado, Chile necesita aumentar su inversión en I+D para poder acercarse a sus aspiraciones de desarrollo económico y social, hoy estamos al final de la lista de los países OECD.  

Desde tu experiencia, ¿Qué perspectivas o prejuicios crees que las empresas tienen a la hora de invertir en I+D? ¿Crees que esta Ley es beneficiosa para pequeñas y medianas empresas o emprendimientos de base científico-tecnológica?

Las empresas chilenas están comenzando a creer en las capacidades locales de I+D, especialmente en oportunidades de nicho, donde las grandes multinacionales no pueden o no les interesa estar. Respecto de los prejuicios, todavía está instalada la creencia que lo de afuera es mejor (por calidad, respaldo o garantía), porque debemos reconocer que la industria local compite con empresas globales prestigiosas, con marcas y productos maravillosos. La mayoría de ellas, con oficinas comerciales en Chile, sin I+D. Por eso creo que debemos esforzarnos en encontrar el nicho donde somos competitivos, y desde ahí crecer a toda velocidad y sin timidez. De todos modos, necesitamos que la industria nacional haga y contrate más I+D en Chile. No creo que la Ley I+D haya demostrado ser del todo beneficiosa para pequeñas y microempresas; en 2024 el 83% de los proyectos certificados fueron de empresas grandes y el 9% de medianas. Debemos entender que la gran mayoría de startups tecnológicas (EBCTs) en Chile nacen como microempresas y se mantienen así por varios años, el 90% de ellas muere en el intento y menos del 5% llega a ser rentable a largo plazo.

Oscar Solar, gerente del AC3E.

¿Qué mejoras o ajustes considera urgentes para que esta herramienta sea más efectiva, especialmente para pequeñas y medianas empresas o emprendimientos de base científico-tecnológica? 

Las EBCTs rara vez tienen utilidades los primeros años, por lo que una rebaja tributaria certificada por Ley I+D no llegaría a ser efectiva en la mayoría de las EBCTs, por lo que dije anteriormente. No encontré cifras de rebaja tributaria real de la ley de I+D, solo cifras de postulaciones certificadas, que hasta que no concretarse en rebaja efectiva, son una ilusión. Respecto de mejoras o cambios, las micro y pequeñas empresas que hacen I+D necesitan una rebaja tributaria real y efectiva hoy, no mañana, y su limitado capital debiera ser usado para desarrollar su negocio y movilizar la economía. En fases de I+D de tu producto estrella incurres en gastos relevantes en materiales, insumos, bienes y servicios, todo eso tiene IVA que se debe pagar mensualmente, y no puedes descontar si no tienes ventas. Eso asfixia a las empresas pequeñas, que en los primeros años buscan esencialmente sobrevivir al valle de la muerte. Una medida podría ser una reducción del IVA para EBCTs.

¿Cómo visualiza el futuro de la I+D en Chile si se fortalece esta política pública? ¿Podría ser un motor relevante para transitar hacia una economía basada en el conocimiento?

Soy totalmente optimista y un convencido de que la educación de calidad y la I+D de frontera son pilares fundacionales para desarrollar una economía basada en el conocimiento. Se necesita también mayor inversión, pública y privada. Los recursos siempre son escasos, por eso la eficiencia en el gasto público es un aspecto crítico, también que las empresas apuesten por las capacidades nacionales tanto productivas como de I+D, porque eso genera tracción para las startups y aumenta el empleo especializado, genera mayor actividad de proveedores locales, más manufactura, más trabajo y crecimiento para el país.  Desde las universidades y Centros de investigación estamos trabajando arduamente para generar ciencia de calidad mundial y adaptarnos a las necesidades productivas locales y al ritmo que la industria necesita.  


Por: Juan Patricio Aguilera Manzor, sociólogo y encargado de indicadores y monitoreo del Nodo CIV-VAL.

Cuando pensamos en ciencia, tecnología, conocimiento e innovación (CTCI), ¿cómo podemos saber si el ecosistema que los sustenta se está desarrollando de la manera que se desea? ¿Basta con conocer el número de publicaciones científicas, la cantidad de patentes o el monto de inversión en I+D? ¿Podemos hablar de desempeño mirando sólo el número de fondos adjudicados? Estas métricas, ¿dan cuenta de la calidad de las relaciones entre los distintos actores que componen este ecosistema?

Un ecosistema CTCI saludable no sólo se mide por la cantidad de conocimiento generado, sino por cómo este se distribuye, se articula y se transforma en impacto real. Como señalan Menéndez y Villarroel (2024), la esencia del ecosistema CTCI radica en el flujo, intercambio y transferencia de conocimiento. Sin embargo, ¿estamos monitoreando estos procesos de manera adecuada?

Uno de los principales desafíos es la fragmentación del ecosistema. A partir de la Encuesta Nacional de Innovación 2019-2020 del Ministerio CTCI, sabemos que las empresas en la Macrozona Centro (MZC) buscan información principalmente en revistas científicas y asociaciones a nivel profesional e industrial para el desarrollo de actividades innovativas, mientras que las universidades e institutos de investigación aparecen rezagados a un segundo plano como fuentes clave de conocimiento. ¿Qué impide que la academia y el sector productivo se conecten de manera más eficiente? ¿Existen incentivos suficientes para fomentar la colaboración entre investigadores y empresas?

Juan Patricio Aguilera Manzor.

Por otro lado, a nivel territorial, la concentración del financiamiento público en la Región Metropolitana es un problema persistente. ¿Cómo fortalecemos los ecosistemas regionales cuando la mayor parte de los fondos se concentran en un solo territorio? ¿Cómo podemos asegurar que el conocimiento generado en regiones tenga el mismo nivel de apoyo y oportunidades de desarrollo? ¿En qué medida las relaciones entre los actores inciden en la distribución territorial del financiamiento?

Otro aspecto importante es el vínculo entre CTCI y la sociedad. A partir de datos de la Encuesta Nacional de Percepción de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación (MinCiencia, 2022) hemos evidenciado que el consumo científico en la MZC es relativamente bajo. Si la ciencia y la innovación buscan mejorar la vida de las personas, ¿por qué sus productos y avances siguen siendo desconocidos o poco accesibles para la ciudadanía? ¿De qué manera podemos fortalecer la participación social en los procesos de generación y aplicación del conocimiento? Además, si el ecosistema CTCI aspira a ser inclusivo y representativo, ¿cómo se está abordando, por ejemplo, la brecha de género? La Política Nacional de Igualdad de Género en CTCI (MinCiencia, 2021) plantea la necesidad de medir no sólo la participación de mujeres y hombres en investigación, sino también el acceso a financiamiento, los roles de liderazgo y las barreras estructurales en la academia y la innovación. Sin un monitoreo con perspectiva de género, ¿cómo podemos asegurar que las oportunidades en CTCI sean realmente equitativas?

Frente a estas preguntas, pareciera ser evidente promover un modelo de medición que vaya más allá de los indicadores tradicionales, pues el desempeño del ecosistema CTCI no puede evaluarse sólo con cifras aisladas. Y en tal sentido, una alternativa interesante es comprender el desempeño de los ecosistemas en función de la interacción entre actores, la transferencia de conocimiento y su impacto en la sociedad, porque en última instancia, ¿Cuál es el objeto de generar conocimiento si éste no circula, conecta y transforma el entorno en el que vivimos?

En nuestra sección de entrevistas destacamos la labor de este emprendimiento de la Región de Valparaíso.

En Valparaíso, un innovador emprendimiento científico-tecnológico está cambiando la forma en que se tratan los residuos electrónicos. Se trata de Alquimia, una startup fundada en 2021 por seis ingenieros comprometidos con la sostenibilidad, que recupera metales valiosos como cobre y oro desde placas de circuitos impresos (PCB por sus siglas en inglés), utilizando un proceso sustentable de hidrometalurgia.

Su objetivo es claro: ofrecer una alternativa ética y ambientalmente responsable frente al reciclaje informal y la minería tradicional. Con un enfoque de economía circular, Alquimia reintegra estos materiales al sistema productivo, reduciendo el impacto ambiental y fomentando una “minería urbana” más limpia y local.

El Nodo CIV-VAL, bajo su propósito de promover y difundir estas iniciativas, entrevistó a Pilar Iturriaga, Cofundadora y CEO de Alquimia, con el propósito de conocer más sobre este emprendimiento y cuáles son sus lineamientos y principales logros.

¿En qué están actualmente? ¿Qué avances o desafíos han desarrollado recientemente?

En el 2023 nos adjudicamos el fondo Crea y Valida con foco en Sostenibilidad de CORFO, con la idea de implementar por primera vez en Chile una planta valorizadora de placas electrónicas, que a través de un proceso de minería urbana permite recuperar metales desde dichos residuos para reincorporarlos al sistema productivo nacional.

Este proyecto comenzó a implementarse en enero de 2024 y actualmente nos encontramos desarrollando pruebas globales de la implementación del proceso hidrometalúrgico, mediante el cual podemos recuperar cobre electrolítico a partir de placas de circuitos electrónicos.

En paralelo al desarrollo técnico, hemos hecho un trabajo consistente de vinculación con el ecosistema de emprendimientos innovadores en la quinta región, gracias a la participación en instancias organizadas principalmente por el SEREMI de Ciencia, Tecnología, Innovación y Conocimiento de la Macrozona Centro, el ecosistema EIVA, el espacio de innovación V21 y por supuesto las instancias convocadas por CORFO Valparaíso. Esto nos ha permitido conectar con otras startups y empresas de la zona que trabajan por un mejor Chile desde la quinta región, contribuyendo también al desarrollo local de tecnologías productivas limpias.

Logramos firmar un acuerdo de colaboración con la Fundación La Chispa Digital, quienes trabajan por la inclusión digital y la reducción de brecha de género en STEM+; mediante dicho acuerdo, es que desde Alquimia entregamos todo equipo o partes que sirvan para el reacondicionamiento de notebooks y tablets, que posteriormente son donados a organizaciones comunitarias o utilizados en talleres de alfabetización digital. De esta forma, no sólo fortalecemos la cadena del reciclaje y la valorización de residuos, sino que también promovemos la reparación y el reacondicionamiento de equipos electrónicos, extendiendo su vida útil, recuperando y manteniendo el valor de los aparatos por más tiempo.

Junto a esto, hemos logrado articular trabajo en conjunto a recicladores de la región, quienes han decidido colaborar con nosotros y se han motivado a aumentar la recolección de Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos en las comunas de Quilpué, Valparaíso, Viña del Mar, Concón, Laguna Verde, Algarrobo, El Tabo, El Quisco y Casablanca.

¿Qué desafíos técnicos enfrentaron al adaptar las tecnologías de hidrometalurgia para trabajar con residuos electrónicos y cómo los superaron?

El primer desafío fue la adaptación del proceso hidrometalúrgico debido a la diversidad de materiales que se encuentran en los RAEE, para lo que fue necesario desarrollar un proceso previo que prepare la materia prima para la recuperación de metales. En dicha etapa anterior se clasifican las componentes de las placas electrónicas, evitando involucrar los casi 70 elementos de la tabla periódica presentes en ellas y volviendo el proceso hidrometalúrgico más eficiente al solamente procesar la materia rica en cobre (placa sin componentes).

Junto a esto, el proceso de recuperación de metales debía ser adaptado ya que en la minería urbana el cobre se encuentra en estado puro en la materia prima (placas), mientras que en la minería tradicional se encuentra en forma de mineral, es decir, es una roca que contiene compuestos de cobre oxidado, lo que implica que la materia prima para el proceso hidrometalúrgico son distintas y debe ser tratada de manera diferente. Esta diferencia se aplica a la mayoría de los metales presentes en las placas electrónicas.

Además, no existe mucha información específica sobre la composición química de las placas de circuito impreso, por lo que debimos crear nuestra propia caracterización y buscar la forma de que el proceso hidrometalúrgico pudiera adaptarse a estas nuevas condiciones y al mismo tiempo cumpliera con los parámetros ambientales aptos según los valores en los que Alquimia cree. Con una extensa experimentación se logró encontrar los reactivos necesarios para lograr un proceso con un buen rendimiento, que es rentable y respetuoso con el medioambiente.

¿Qué impacto ambiental concreto han logrado hasta ahora con su modelo de recuperación de metales y qué proyecciones tienen a mediano plazo?

En este año y medio de implementación del proyecto, hemos logrado recolectar más de 450 kg de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos, más de 600 kg de cable y una tonelada de placas electrónicas. De estos esperamos recuperar alrededor de 350 kg de cobre para reinsertar a la industria local, lo que en la minería tradicional se hubiera obtenido desde 70 toneladas de roca mineral.

Con esto hemos prevenido la emisión de más de 2.600 kg de CO2eq y evitado que 5 kg de metales peligrosos como plomo, mercurio y retardantes de llama bromados terminen en rellenos sanitarios, contaminando suelos y agua.

Hemos también impactado en la cadena de valor del reciclaje, aportando más de 2,5 millones de pesos chilenos en la compra de materia prima, es decir, de placas y cable para su valorización a través de nuestro proceso. 

A mediano plazo esperamos implementar una cadena productiva que nos permita tratar 1 tonelada de placas mensualmente, pudiendo aportar alrededor de 5 millones de pesos a la economía local mes a mes.

¿Cómo visualizan a ALQUIMIA de aquí a 10 años? 

A 10 años, proyectamos triplicar nuestra capacidad de procesamiento programada para el piloto actual, habiendo ejecutado al menos dos procesos de escalamiento que nos permitan aumentar el volumen tanto de los RAEE desarmados, como de placas electrónicas procesadas y la respectiva recuperación de metales.

Esto implica el desarrollo de nuevas líneas de procesamiento automatizado, sin dejar de integrar procesos manuales y estrategias de articulación con recicladores de base y gestores de residuos, que incentiven la generación de empleo local y permitan optimizar la recuperación de materiales críticos y mejorar la sostenibilidad técnica y económica del modelo.

El foco estará en mejorar la eficiencia, precisión y trazabilidad de cada etapa del proceso, y operar bajo certificaciones que validen nuestro impacto ambiental, social y económico, aspirando a ser un referente nacional en valorización electrónica, con procesos trazables alimentados 100% por energías limpias.

Seguiremos desarrollando soluciones adaptadas a la realidad chilena, en cuanto a volumen, composición de residuos y regulaciones, con una visión de innovación constante que nos permita responder a las necesidades emergentes del ecosistema de los residuos electrónicos y contribuir en el desarrollo de ecosistemas de emprendimiento vinculados a la tecnología de triple impacto. 

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Este espacio es clave para proyectar los desafíos y avances del ecosistema en regiones. 

Diferentes actores del ecosistema de la Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación (CTCI) de las regiones de Coquimbo y Valparaíso se dieron cita en una nueva sesión del Comité de Coordinación Macrozonal del Nodo CIV-VAL, el primero de su cuarta etapa de ejecución. 

Este espacio de gobernanza promueve el análisis de los desafíos del ecosistema CTCI en Coquimbo y Valparaíso, junto con presentar los avances del Nodo CIV-VAL en su etapa actual.

Dentro de los temas abordados se destacaron los resultados de las iniciativas priorizadas: Curso Gestor CTCI, ya finalizada; el Programa Tesis para Impactar el Territorio y los Encuentro Multitransdisciplinarios “Líderes CTCI”, estos últimos en pleno proceso de ejecución. Asimismo, se presentaron los resultados a la fecha de las iniciativas establecidas por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID) los cuales tienen relación al monitoreo e indicadores del ecosistema y el relacionamiento con los Corecyt y Seremi CTCI. 

“Estas instancias son sumamente enriquecedoras ya que nos permiten por un lado poder visibilizar la labor del Nodo en los territorios, especialmente en las regiones de Coquimbo y Valparaíso, así como también poder tener un espacio para el diálogo y reflexión en torno a las necesidades y desafíos que presentan en ambas regiones. Además, en miras de la postulación a una próxima etapa del proyecto, es relevante conocer cuáles son las prioridades del ecosistema y así poder generar una propuesta de continuidad que vaya acorde a esas prioridades” comentó Macarena Rosenkranz, directora ejecutiva del Nodo CIV-VAL y directora de Innovación de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. 

Junto a esto, el Seremi de CTCI para las regiones de Coquimbo y Valparaíso, Rodrigo González, se refirió a esta instancia, aportando que “este espacio, donde participan distintos actores, tanto del mundo privado, instituciones de educación superior, es fundamental para poder dimensionar cuáles son las capacidades y las oportunidades que existen desde la región de Coquimbo y Valparaíso en lo que tiene que ver con sus ecosistemas de innovación y desarrollo. Estamos contentos por el trabajo que ha hecho el Nodo CIV-VAL, catalizando este ecosistema para y por ambas regiones, contemplando un trabajo colaborativo y mancomunado y bien ordenado con todos los actores del ecosistema que nos permite mirar al futuro y poder planificar de buena forma”.

Instituciones participantes

Quienes participaron de este Comité valoraron la iniciativa, posicionando como una instancia necesaria dentro del ecosistema de las regiones de Coquimbo y Valparaíso: 

“Este Comité una necesidad del entorno, del ecosistema, para justamente fortalecer los espacios donde distintas organizaciones, distintas instituciones, líderes, lideresas puedan conectar en un ecosistema que se está moviendo en la región, que es altamente productivo y que sin duda es parte de la posibilidad de desarrollo real que tenemos como región de Valparaíso. Entonces, en este sentido, primero para mí es un honor y agradecer esta invitación. El Nodo, financiado por ANID, está generando una articulación con distintas entidades en Coquimbo y Valparaíso como provincias, a mí me parece que efectivamente los recursos públicos cuando se ocupan de esta manera, cuando se permite la articulación, la conversación simétrica, incluso las posibilidades de mejorar, de decidir o incidir, es sin duda lo que nos, creo yo, caracteriza como región, que nos decimos si somos universitarias o de institutos de educación superior. Allí hay un potencial que hay que cuidar y sin duda se están haciendo muchas cosas, pero se requiere esta sinergia y el Nodo en este caso lo está logrando a través de distintas instancias como esta”, comentó Angélica Pacheco, directora del Magíster en Comunicación Digital y Transmedia de la Universidad Viña del Mar (UVM). 

Asimismo, Ricardo Astorga, gerente del PER Hídrico, aportó que “la participación en la gobernanza del Nodo para nosotros es muy relevante, es muy importante además mantener los vínculos con todas las instancias de la región, especialmente en los temas que tienen que ver con lo que atañan los recursos hídricos. En la ocasión hubo una especial mención a todo lo que están haciendo las universidades con sus practicantes y tesistas, algo que es muy relevante también para nosotros de manera de acercar al mundo académico con el mundo más empresarial y productivo. Creemos que fue una instancia muy importante y relevante para el desarrollo y el alcance de las metas del programa”.


Las instituciones que participaron de este encuentro virtual fueron: INIA Intihuasi, Universidad Viña del Mar (UVM), SEREMI CTCI, Nodo Laboratorio Natural Océano Centro-Norte, Dirección Innovación Universidad de Valparaíso (UV), la Corporación Regional de Fomento Productivo (CRPD) de la Región de Coquimbo, el PER Hídrico Valparaíso; la Universidad Católica del Norte (UCN), la Universidad de La Serena, el Centro Avanzado de Ingeniería Eléctrica y Electrónica (AC3E) de la Universidad Técnico Federico Santa María, CORFO Valparaíso, Fundación para la Innovación Agraria (FIA), Universidad Central, ANID, Cámara Regional del Comercio y la Producción (CRCP) Región de Valparaíso, PER Frutícola Coquimbo y la Universidad de Playa Ancha a través de su InES Género. 

Esta instancia promueve el intercambio de experiencias, conocimientos y buenas prácticas para potenciar el desarrollo de los ecosistemas CTCI en los territorios. 

Entre el 09 y 10 de julio pasado el Nodo CIV-VAL recibió la visita del Nodo Centro Sur, instrumento que también es parte del programa Nodos Macrozonales financiado por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID). Este Nodo se implementa en las regiones de O’Higgins, Maule, Ñuble y Biobío.

Dentro de la visita, el equipo del Nodo Centro Sur pudo conocer las instalaciones del Centro de Ingeniería Eléctrica y Electrónica (AC3E) de la Universidad Técnica Federico Santa María; el Centro Regional de Estudios en Alimentos Saludables (CREAS) y la dirección de innovación (PUCV) desde la unidad de innovación y emprendimiento. Todas ellas instituciones asociadas al Nodo CIV-VAL. 

Junto a esto participaron de una nueva sesión del gabinete del Nodo CIV-VAL, espacio de gobernanza de nuestro proyecto, en donde pudieron compartir sus experiencias y visiones en torno a la ejecución de esta iniciativas y los nuevos desafíos que se avecinan. 

Kinga Halmai, coordinadora del Nodo CIV-VAL se refirió a esta instancia de colaboración y vinculación, aportando que: “El instrumento Nodos trata justamente de la articulación y colaboración, y ya era hora de poder realizar una instancia presencial junto a nuestros colegas que se implementan en nuestra macrozona vecina. Cada región, cada territorio posee sus singularidades y condiciones que le componen como ecosistema y le hacen único. Por ello, es un desafío constante poder descifrarlas y ofrecer respuestas de implementación y gobernanza que les sean útiles y con sentido. El Nodo Centro Sur ha levantado una propuesta sumamente valiosa desde la conformación de los consorcios temáticos, nos gustaría poder seguir su ejemplo en la próxima etapa y así empoderar a las actorías de ambas regiones para el logro de misiones u objetivos comunes. Además de ello, no queríamos que esta visita fuera unidireccional, de manera que en poco tiempo buscamos poder mostrar un poco de nuestras capacidades territoriales para un diálogo virtuoso desde el aprendizaje compartido. Esta visita nos ha dejado muchos momentos alegres y aprendizajes por experimentar y ajustar a nuestra realidad, para la próxima esperamos poder encontrarnos en Concepción”.

Por su parte la Dra. (c) Marcela Cabeza, directora Nodo CTCI MCS, aportó que “la colaboración entre nodos es clave para fortalecer nuestras capacidades y avanzar hacia una red más integrada, que se comprenda así misma como una comunidad de aprendizaje.   Creo que esta visita es el inicio de un trabajo colaborativo sostenido con el Nodo CIV-VAL, y que pronto podamos extender este enfoque con otros nodos del país.”

Por último, José Miguel Henríquez, director ejecutivo Nodo CTCI MCS, afirmó que “ la visita a los Centros, el taller de misiones, y cada una de las conversaciones que se produjeron durante los dos días, nos ayudan no solo aprender de la experiencia de Nodo CIV-VAL, sino también a repensar el rol de la CTCI y sus impactos”.

La instancia reunió a actores del mundo CTCI, destacando la articulación territorial y el potencial de la macrozona para abordar desafíos del desarrollo sostenible.

En la ciudad de La Serena, el pasado martes 15 de julio, el Consejo Nacional de CTCI realizó la sesión “Chile Crea su Estrategia CTCI 2026”, instancia que tuvo como principal objetivo incorporar la mirada regional a este documento que está actualmente en proceso de validación final. 

El encuentro, que fue apoyado por el Nodo CIV-VAL y la Seremi de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación para las regiones de Coquimbo y Valparaíso, contó la participación de académicos, investigadores, representantes del sector público y sociedad civil. 

Silvia Díaz, presidenta del Consejo Nacional de CTCI, se refirió a esta instancia, comentando que: “Hemos tenido muy buenos aliados en el trabajo que venimos desarrollando ya hace un par de años en regiones desde el Consejo Nacional de CTCI. Estamos contentos por el apoyo de la Seremia y principalmente de los Nodos Macrozonales y también de los Nodos de Laboratorios Naturales para no dejarlos afuera. Ha sido un gran soporte la coordinación territorial del trabajo que estamos desarrollando desde Chile Mira su CTCI y principalmente este año en la actualización de la estrategia nacional de CTCI para el desarrollo de nuestro país. Los casos regionales que han aparecido han sido bien diversos, muy contundentes, abordando las tres dimensiones para el desarrollo sostenible de Chile, la dimensión ambiental, la dimensión económica y la sociocultural. Creemos que el contenido que estamos recopilando es absolutamente contundente y necesario para poder tener esa bajada territorial que a veces no es tan explícita en las estrategias nacionales. Y hoy queremos que sea mucho más concreta para poder así apoyar un poco también el trabajo de las estrategias regionales que desarrollan los comités regionales de CTCI”.

Por su parte, el Seremi de CTCI para las regiones de Coquimbo y Valparaíso, Rodrigo González, destacó las capacidades locales y el rol articulador del Nodo CIV-VAL, buscando una propuesta inclusiva que responda a los desafíos del país: “Hoy estamos en la Región de Coquimbo, en la Universidad de La Serena, congregados con una diversidad de actores del mundo CTCI, del mundo productivo, investigadores e investigadoras de distintas universidades y casas de estudio de la región, que nos ha permitido, a través de este diálogo. Esta es una instancia que se está desarrollando por distintas partes del país y hoy, en esta macrozona ha participado el Nodo CIV-VAL como articulador de ese ecosistema. Esta región tiene muchas capacidades, y esas capacidades hoy día están dispuestas a poder plantear y ordenar esta línea base en función de crear una estrategia CTCI que represente a todas y todos, no solamente a los investigadores, sino que tribute a los desafíos del país”.

Para finalizar, Vilbett Briones, directora alterna del Nodo CIV-VAL y académica de la Universidad de La Serena planteó que: “Para nosotros es muy importante participar aquí a través del Nodo CIV-VAL, porque tiene el rol muy importante poder articular y poder estar presente en estos diálogos entre los investigadores y poder conversar de nuestras problemáticas, de conocer nuestro territorio, de poder proyectar las distintas miradas y sobre todo construir en el largo plazo, porque no podemos seguir mirando la región en el mediano o corto plazo, sino que poder tener esta mirada futura y poder desarrollar la región. Nos faltan muchas cosas que poder aunar, poder desarrollar la industria, poder desarrollar el quehacer científico también, pero con una mirada globalizada”.

Actores locales e internacionales se reunieron para repensar las políticas públicas desde los territorios. 

Entre el 9 y el 11 de julio, la Región de Coquimbo fue escenario del evento internacional Territorios Conectados, impulsado por Fundación Chile y CORFO. La iniciativa buscó repensar las políticas públicas en América Latina desde una perspectiva descentralizada, promoviendo la innovación y el conocimiento desde los territorios. 

Durante tres jornadas, donde el equipo del Nodo CIV-VAL participó activamente, actores locales, organizaciones, empresas y expertos internacionales trabajaron en torno a desafíos como la crisis climática, la desigualdad y la reconversión productiva, con foco en los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030.

“El Encuentro Internacional Territorios Conectados evidenció cómo una visión territorial puede articularse con procesos globales, abordando desafíos compartidos como la crisis climática, la inclusión digital y la economía del conocimiento. Durante seis jornadas en distintos espacios de La Serena y Coquimbo, constatamos que impulsar transformaciones desde los territorios no solo es clave para generar impacto, sino también para sostenerlo en el tiempo. Como Nodo CIV-VAL, que articula la CTCI con pertinencia territorial, valoramos especialmente la integración de actores locales: más de 150 personas, entre ellas comunidades de La Higuera y Río Hurtado, participaron en una instancia previa junto a Fundación Chile y Corfo, visibilizando desafíos desde su experiencia directa. La presencia activa de las alcaldesas de ambas comunas reforzó la importancia del liderazgo local en la transición hacia modelos sostenibles” comentó Celeste Cifuentes, integrante del equipo técnico del Nodo CIV-VAL y participante de este encuentro.

Por: Bernardita Skinner, Periodista, licenciada en comunicación social, Magíster en Arte mención Patrimonio y Dra. (c) en Ciencias Sociales, Universidad de Playa Ancha (UPLA). Académica asociada Departamento de Estudios Territoriales y Diálogos Interculturales, Facultad de Ciencias Sociales, UPLA.

El recordado profesor Eduardo Reyes Frías (1929-2024) hubiera cumplido 95 años este mes. Fue por décadas el principal referente del periodismo científico en Valparaíso, conocido en ámbitos académicos, en las comunidades y en los medios de comunicación locales. Antes de titularse de periodista en 1974, fue investigador en la Estación de Biología Marina en Montemar y capitán del buque oceanográfico de la Universidad de Chile en Valparaíso. A partir de esa experiencia nació la inquietud de informar -e involucrar- a la sociedad en el desarrollo de la ciencia. En 1976 fue uno de los fundadores de la Asociación Chilena de Periodistas y Profesionales para la Comunicación de la Ciencia, Achipec.

“El periodismo científico es un puente de doble tránsito entre el laboratorio y la calle”, nos decía Eduardo Reyes, explicando que el rol del periodista no es solamente llevar la información desde el ámbito científico hacia otros espacios, sino que también, permitir que la producción de nuevo conocimiento dialogue con las inquietudes e intereses de la ciudadanía. Ésta es una de las enseñanzas que hoy más nos hacen sentido, cuando el concepto de apropiación social del conocimiento ha cobrado fuerza frente al de divulgación.

¿Cómo se apropia la ciudadanía de la ciencia, tecnología, conocimiento e innovación (CTCI)? La idea es que esos conocimientos hagan sentido y se vinculen con las realidades y contextos sociales. Así lo entendieron también quienes diseñaron la División Ciencia y Sociedad del MinCiencia, implementada el año 2020, para “potenciar la apropiación social del conocimiento a través de nuevas capacidades institucionales”, como la creación del programa Ciencia Pública.

Bernardita Skinner, columnista.

Eduardo Reyes fue un visionario. Entendió desde temprano que la ciencia no solo debía divulgarse, sino también proyectarse socialmente, o bien, como señala el académico español Miguel Alcibar (2004), se trata de “recontextualizar” los contenidos desde el discurso científico al ámbito divulgativo. Ello exige, además, nuevas narrativas y creatividad. ¿De qué sirve difundir informes sobre cambio climático si no se vinculan con la experiencia de las personas? 

En esa misma línea, se refuerza la idea de que la apropiación social de las CTCI va más allá del concepto tradicional de divulgación -cuyo origen etimológico, divulgare, se puede traducir como “poner al alcance del vulgo o del pueblo”-, ya que este último implica, tácitamente, una comunicación unidireccional.

A mediados de los años 60’ Eduardo Reyes alertaba acerca de la contaminación ambiental de Quintero-Puchuncaví que estaba afectando a sus habitantes. Antes de que el caso se convirtiera en una “zona de sacrificio” emblemática. “El periodismo siempre ha estado atento a denunciar los impactos ambientales”, escribió al respecto. Sus palabras cobran cada vez más relevancia, en medio de crisis ambientales, pandemias y fenómenos climáticos, como los recientes tornados ocurridos en el sur de Chile. La ciudadanía necesita comprender, cuestionar y apropiarse del conocimiento científico e incorporarlo a la vida cotidiana y a las decisiones colectivas, con mirada crítica y reflexiva.

Profesor Eduardo Reyes Frías.

Eduardo Reyes también consideraba “un cambio cultural tremendo”, la irrupción de las redes sociales, y lo que él observó como un avance en la democratización de la ciencia, en el sentido de que hay una cultura científica más difundida. En una época en que la información abunda, la comunicación de la ciencia refuerza su indispensable labor. El papel de los periodistas y de quienes divulgan, debe ser velar por la rigurosidad de la imagen pública de la ciencia que construyen los medios de comunicación, redes sociales, y otras plataformas. 

La comunicación debe facilitar el diálogo e interacción con el territorio, las culturas y los problemas reales de la sociedad. Un compromiso esencial ante los desafíos del cambio climático en Latinoamérica, en donde confluyen desigualdades estructurales, crisis hídricas y extractivismo. El periodismo no puede desvincularse de los conflictos socioambientales que afectan a comunidades históricamente marginadas. Comunicar ciencia no es aplaudir sin cuestionarse, sino democratizar el acceso a ella, para que realmente pueda convertirse en poder ciudadano y motor de cambios estructurales. 

Más que un profesor, Eduardo Hernán Reyes Frías fue un verdadero maestro que enseñó con palabras y con acciones acerca del periodismo científico y su rol social. Nos inculcó además, el valor del reporteo en terreno, que sin duda obtuvo de sus múltiples experiencias y travesías.

BBAC surge como una solución innovadora y comunitaria para detectar bacterias y proteger la salud de quienes más lo necesitan.

¿Sabías que en Chile existe una profunda desigualdad en el acceso al agua potable segura? Mientras en las zonas urbanas se realizan controles bacteriológicos diarios según la norma NCh 409/2, en muchas áreas rurales las comunidades deben esperar entre 30 y 60 días para recibir resultados, lo que las deja expuestas a enfermedades de origen hídrico como cólera, diarreas infecciosas, hepatitis A y fiebre tifoidea.

Frente a esta realidad, [pH] Gestión Transversal SpA desarrolló BBAC, un sistema innovador de monitoreo comunitario y alerta temprana que permite detectar de forma sencilla posibles contaminaciones bacteriológicas en el agua potable rural. BBAC fortalece la gestión de los Servicios Sanitarios Rurales (SSR), protegiendo la salud de comunidades especialmente en los períodos sin monitoreo. También es útil en albergues, sistemas precarios, camiones aljibe, edificios y fuentes independientes del sistema sanitario local, así como en el control de procesos de desinfección.

Pilar Honorato, fundadora y gerente de [pH] Gestión Transversal SpA nos cuenta sobre los inicios de este innovador sistema y sus principales desafíos: 

¿Cómo nació esta iniciativa y en qué consiste?
Como químico laboratorista, realizaba análisis bacteriológicos para APR y me parecía profundamente injusta la brecha en la frecuencia de monitoreo entre zonas urbanas y rurales. Tuve la oportunidad de integrar un equipo de investigación liderado por la Dra. Gabriela Castillo de la Universidad de Chile (QEPD), quien fue mi mentora. Juntas desarrollamos una metodología muy fácil de implementar, interpretar y económica, que permitiera a cualquier persona detectar indicadores de contaminación en el agua de consumo humano.

Pilar Honorato.

Con apoyo de la Dirección de Obras Hidráulicas (DOH) y un equipo humano excepcional, logramos convertir esta metodología en una norma chilena: la NCh 2756:2002, declarada Oficial de la República por Decreto del Ministerio de Obras Públicas N°2237 de diciembre de 2002. Sin embargo, esta información no llegó a las manos de las comunidades. Por eso postulé a fondos Corfo, con el acompañamiento de La Brújula Cowork, y pude “paquetizar” la norma y comenzar lo que llamo una evangelización por el aseguramiento de la calidad del agua, visitando localidad por localidad, porque cada una tiene realidades distintas. Mi sueño es que esta implementación llegue a convertirse en política pública, como un acto concreto de justicia social en una materia que de acuerdo a mi mirada, aún está pendiente en Chile.

BBAC incluye capacitación integral a dirigentes, operadores, administrativos de los SSR, o a toda la comunidad, sobre control de calidad de aguas y normativa vigente. Trabajamos directamente en terreno para implementar la metodología de detección de bacterias indicadoras de contaminación y sugerimos acciones inmediatas para correir la anomalía.

¿Cómo funciona BBAC en la práctica?

Usamos una unidad experimental: un frasco de 260 ml con medios de cultivo y reactivos deshidratados y estériles. Se añade 100 ml de muestra de agua (potable o cruda), se agita y se incuba entre 30 y 37 °C. El medio toma un color amarillo suave.

A las 24 o 48 horas se observan los resultados: la aparición de un precipitado negro o el ennegrecimiento del líquido indica presencia de bacterias indicadoras de contaminación (más de 10 bacterias por 100 ml).

¿Cuáles han sido los principales desafíos?

Aportar herramientas amigables y efectivas para mejorar la calidad de vida de personas que viven alejadas de los grandes centros urbanos, ayudando a reducir la brecha sanitaria entre el mundo urbano y rural.

¿Cuáles son las proyecciones a largo plazo de BBAC?

Concluir el desarrollo de BBAC IA, que permitirá complementar el sistema actual con dispositivos inteligentes que alerten automáticamente –vía celular o correo electrónico– a los encargados de la calidad del agua en cada sistema rural, cuando se detecte una anomalía sanitaria. Ya estamos logrando resultados desde las 7 – 13 horas de incubación, lo que permite anticiparse, no sólo reaccionar, ante un deterioro en la calidad del agua.

Este sueño busca llevar la ciencia aplicada a las manos de las comunidades rurales, de manera simple y económica, que ayude a entregar agua segura para todos y todos los días.

Este documento se encuentra disponible para su descarga al final de la noticia.

Uno de los ejes de acción de Nodo CIV-VAL es poder visibilizar acciones e iniciativas que se estén desarrollando en las regiones de Coquimbo y Valparaíso y que contribuyan al fortalecimiento del ecosistema de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación (CTCI). Es por esto que hoy queremos presentarles el Manual HANDBOOK: Buenas Prácticas para la Industria del Cultivo del Ostión del Norte, documento elaborado por Nelson Reyes, gerente de procesos de acuicultura industrial, asesor y experto en criaderos de vieiras y ostras.

Nelson además fue uno de los seleccionados en la primera convocatoria del Nodo del programa Tesis para Impactar el Territorio, instancia donde presentó este manual y pudo participar de la presentación de póster final.

“La idea partió al complementar mi carrera en la acuicultura en Chile y extranjero con una visión ingenieril en la operación, ya que, una vez, que manejas el know how del ciclo de vida de una especie comercial (Argopecten purpuratus), requieres implementar el proceso en un Cadena de Valor. De acuerdo a esta visión era lógico traspasar mi trayectoria profesional en un compendio que validara y respaldara la información de la industria Pectinicultura, especialmente por la región y comuna donde se desembarca más del 90 % de la producción de ostiones (vieiras, zamburiñas, scallops) de Chile, este es Tongoy. Así fue como surgió este Handbook de las buenas prácticas… filtrado por el departamento de ingeniería industrial de la UNAB, y tres investigadores con grado de doctor que estuvieran y/o hayan estado en la contingencia de la industria del ostión de norte en Chile, además de la validación de la Universidad Católica del Norte (UCN) y de Aquapacífico” comentó Nelson.

Para Nelson la motivación principal fue analizar los pros y contras de la industria acuícola del ostión del norte en Chile, considerando perspectivas técnicas, económica-comercial, medioambiental y sociocultural. De esta forma, se buscó evidenciar errores y aciertos en los procesos de investigación, desarrollo e innovación (I+D+i), para que sirvan de base en nuevos emprendimientos, evitando errores pasados: “La motivación fue mostrar lo aprendido, para que sirva como base en el I+D+i de nuevos emprendimientos, pero no repetir los errores. La motivación también estuvo en mostrar un nicho de desarrollo acuícola y comercial entre el industrial y el artesanal, llamado Acuicultura de pequeña escala (APE) las cuales son PYMES que manejan las competencias técnicas, asociaciones con la academia en investigación y la propia innovación apoyada por proyectos de ANID y Corfo”.

Por su parte el Dr. Eduardo Uribe, coautor de este manual nos comentó sobre la importancia de participar dentro de esta investigación, aportando que: “fue una enorme posibilidad de recopilar, ordenar y proyectar los estudios de ciencias básica, tecnológica, industrial, social y económica del recurso Ostión, que fue la base para desarrollar la actividad acuícola en las últimas décadas para la III y IV región, logrando exportar un producto de alta calidad, tanto alimentaria, como sanitaria, que los países europeos han sabido valorar”.